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Eran otros tiempos los que vivía la República cuando asumía al Presidencia Arturo Illia. El país estaba en una espesa bruma, en un estado de derrota. Daba la imagen de una división casi esquizofrénica entre los hechos y las palabras. No se encontraba el rumbo, prisionero el pueblo de una desorientación que le impedía encontrar el camino para salir de la decadencia y los enfrentamientos. Tiempos duros y difíciles; por eso no alcanzó un gobierno extraordinario como el Don Arturo para consolidar la democracia. "Tanto daño puede causar el abuso de poder por el gobierno, como el abuso del derecho por los ciudadanos", advertía el Presidente. Nadie ignora que
el Gobierno no abusó un ápice de su poder, fueron los
ciudadanos los que abusaron de sus derechos, respetados entonces como
nunca antes. El gobierno de
Arturo Illia transcurrió cuando aún tenía plena
vigencia la cultura popular autoritaria y antidemocrática que
venía de 1930. el golpe de Estado de aquel fatídico
28 de junio de 1966 fue uno de los antecedentes más directos
del que se convertiría luego en el período más
sangriento del siglo en Argentina. Es cierto que el derrocamiento de Illia tuvo todos los ingredientes clásicos de los golpes: actividad conspirativa en los cuarteles, connivencia civil, respaldo de grupos económicos y contexto internacional favorable. Pero también es cierto que contó con un sustrato cultural que alimentaba actitudes de desprecio hacia la democracia y que condicionó en gran medida el comportamiento de la población, especialmente desde el peronismo, que desempeñó un papel importante en ese proceso. El bloque de Concejales de la UCR de Mercedes, en conmemoración al 40º aniversario del golpe que derrocó al gobierno del Dr. Arturo Illia.
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